
OBRAS
Sus primeras obras

Dos conejos
184O-41

Arando en Nivernais
1849
Museo de Orsay, Francia
Óleo sobre lienzo
133 × 260 cm
Los años 50. El auge de su carrera artística

Feria de caballos
1855
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
Óleo sobre lienzo
244.5 x 506.7 cm

Reunión para la caza
1856
Haggin Museum, Estados Unidos
Óleo sobre lienzo
149.9 x 79.4 cm

Gato Salvaje
1850
Museo Nacional de Estocolmo, Suecia
Óleo sobre lienzo
46 x 56 cm
Proliferación de su arte por todo el mundo

El rey del bosque
1878
Colección particular
Óleo sobre lienzo
244.8 cm × 175 cm

Boceto de leones y leonas
ca. 1871
Museo del Prado, Madrid
Óleo sobre lienzo
49 x 65.3 cm

El Cid
1879
Museo del Prado, Madrid
Óleo sobre lienzo
95 x 76 cm

El viejo monarca
1879
Museo del Prado, Madrid
Óleo sobre lienzo
aprox. 130 x 100 cm

Caza de relevos
1887
Sant Louis Art Museum, Estados Unidos
Óleo sobre lienzo
45.7 x 66 cm

Buffalo Bill
1889
Museo d'Orsay
Óleo sobre lienzo
46.9 x 38.7 cm
La importancia de los animales en la obra de Rosa Bonheur
Las creaciones de Rosa Bonheur plasman, primordialmente, temáticas que reflejan mascotas o escenas de caza y pastoreo. Aunque también pintó ocasionalmente algunos paisajes, sus obras se alejan del costumbrismo y del pintoresquismo. Rara vez plasmó escenas de interior. La artista demostró su habilidad con respecto a la composición anatómica de los animales. En cualquiera de sus obras el animal mantiene el protagonismo por encima de cualquier acción o presencia humana. De hecho, hacia los años sesenta los plasmará casi a modo de retrato. Su inspiración se basa, sobre todo, en las ferias, los mercados, los circos y los zoológicos, además de los animales que domesticó en su propia casa. Su obra se nutre de autores tan reconocidos como Rubens o Poussin y de sus viajes por Auvernia, Nivernais, los Pirineos y Escocia, así como por los hitos históricos que la rodearon, como la guerra franco-prusiana.
La importancia del intercambio de ideas entre artistas
Muchas artistas femeninas de esta época se influyeron mutuamente. En el caso de Rosa hubo un intercambio de ideas con George Sand y Concepción Jimeno de Flaqué, ambas escritoras, con la pintora francesa Vigée Lebrun e incluso con la propia emperatriz Eugenia de Montijo, quien le concedió la Legión de Honor de Francia en 1875. Su arte tuvo una mayor proliferación en Inglaterra que en Francia, ya que sus temáticas encajaban con el mundo victoriano.
Primera fase
INFANCIA Y LOS INICIOS DE SU CARRERA ARTÍSTICA
Dos conejos es una de las primeras obras de Rosa, y fue exhibida en el Salón de París de 1841. En la siguiente exposición, celebrada en 1845, la artista ganó una medalla de bronce, y poco después, en 1848, la de oro. Estos premios permitieron que Rosa y su obra adquirieran un mayor reconocimiento. En efecto, el gobierno francés no tardó en solicitarle una obra que consolidaría su reputación.

En la obra Dos Conejos, Rosa pone a los animales en el centro de la escena, al igual que en otras de sus creaciones. Destaca la habilidad de la artista para capturar la anatomía y el carácter de los seres vivos. Bonheur es conocida por su enfoque realista y meticuloso al pintar animales, una característica que le permitió ganar reconocimiento internacional. Se sabe que en su proceso creativo era primordial observar a los animales en su entorno natural, momento en el que estudiaba su comportamiento y movimientos. Es probable que en esta obra aplicara el método mencionado. Esta obra fue expuesta en el Salón de París de 1841.

Es una de las obras más icónicas de Rosa Bonheur. Fue encargada por el gobierno francés en 1848 y presentada en el Salón de 1849, donde recibió gran reconocimiento y elogios. La pintura retrata una escena de trabajo agrícola en la región de Nivernais, famosa por sus viñedos y su ganado. En la composición, se observa un grupo de campesinos arando la tierra con la ayuda de grandes bueyes. Bonheur se distinguía por su meticulosa observación de la naturaleza, y en esta obra muestra su conocimiento profundo de la anatomía animal y el entorno rural. Los bueyes, que son el centro de la escena, están representados con gran detalle. Sin embargo, a pesar de su enfoque en la realidad rural, Bonheur suaviza los aspectos más duros de la vida campesina evitando mostrar los aspectos desagradables -moscas, abono, miseria o pobreza-. Crea por tanto una imagen idealizada de la vida agraria. Se sabe que una de las fuentes de inspiración de la artista fue un pasaje de La Charca del Diablo (1846) de George Sand sobre la vida rústica. En concreto se nutre de la descripción que hace la escritora sobre El Labrador de Hans Holbein el Joven.
Segunda fase
LOS AÑOS 50. EL AUGE DE SU CARRERA ARTÍSTICA
La década de los cincuenta se corresponde con el auge de su carrera artística. En este momento su arte consigue traspasar las fronteras de su país y son realizadas algunas de sus obras más conocidas como el Gato Salvaje o la Feria de Caballos, obra que utilizará para participar en el Salón de París de 1853. La gran fama que alcanza permite que incluso otros artistas comiencen a retratarla, siendo uno de ellos Eduardo Louis Dubufe.

Se trata de una escena de venta de caballos a la que ella misma asistió para así representarla con exactitud. Dentro de la composición se aprecia la rebeldía de los caballos sin que se genere caos. La pintora incluye algunos detalles como el anudamiento de las colas de los caballos al estilo militar para que el pelo no le impidiera mostrar los genitales. Esto evidencia la ausencia de pudor que tenía a la hora de representar los órganos sexuales, aspecto que para otros autores debía ser ocultado. Otro de los factores que más se resalta de la Feria de Caballos es que los humanos justifican el motivo de la obra sin llevarse el protagonismo, un sello de identidad de la obra de Rosa. En los años noventa, un historiador señaló un posible autorretrato, identificando al personaje con gorra y vestido de azul con la propia artista. Para su realización se inspiró en grandes figuras como George Stubbs, Gericault o Delacroix.
El marchante Gambart vio este cuadro y lo quiso comprar inmediatamente. Esta obra comenzó a ser difundida por Inglaterra y Estados Unidos, promoviendo el reconocimiento y la fama de Rosa en estos territorios. Para poder hacer este cuadro y comenzar a viajar tuvo que pedir un permiso para ponerse pantalones, prenda considerada del género masculino. Este permiso debía ser renovado cada cierto tiempo y apenas solía ser concedido a quienes contaban con algún problema de salud.
En Inglaterra, la Reina Victoria recibió a Rosa y Nathalie en una audiencia privada con el cuadro. Ambas harán un modelo más pequeño de la obra (120 × 254.6 cm), actualmente ubicado en la National Gallery de Londres.

En medio de esta explosión de éxito realizó esta obra de cacería, tema tratado por primera vez desde un punto de vista alejado de la violencia. Para ello representó la reunión previa a la caza de unos cazadores junto a sus caballos y perros alrededor de un fuego en una mañana brumosa. Utilizó una composición mediante la cual no deja de dotar de protagonismo a los animales gracias al uso de recursos como la luz, que incide en mayor medida sobre ellos. Esta disposición favorece la sensación de profundidad en el cuadro. Asimismo, las diferentes posturas de los animales generan dinámicas muy diversas. A la izquierda, parejas de perros olfatean la tierra en busca de un rastro, mientras que otros, en el centro, han confundido la chaqueta de piel de un hombre con una presa viva. Se aprecia la individualización de cada perro mediante su movimiento y marcas distintivas con las que Rosa los diferencia, pues nunca pintaba a dos animales iguales. Con los caballos sucede lo mismo, cuentan con distintas posturas y colores. Las miradas de los animales hacia el espectador lo hacen partícipe de la escena. Al fondo de la obra, otros cazadores, caballos y sabuesos se acercan al grupo protagonista.

Este gato salvaje es un excelente ejemplo del realismo con el cuál logró retratar a los animales. Además de una gran cantidad de perros, aves y gatos, también tenía una nutria, muflones y leones. En esta obra destaca el estilo detallado y la conexión emocional de Bonheur con la vida animal.
Tercera fase
PROLIFERACIÓN DE SU ARTE POR TODO EL MUNDO
A partir de los años sesenta, Bonheur buscará convertir las escenas de animales en auténticos retratos, dotando a esta especie de cualidades casi humanas mediante un mayor detallismo en sus expresiones, llegando incluso a nombrar muchos retratos de perros con nombres propios.

Esta pintura es considerada una de las obras maestras de Rosa Bonheur. A lo largo de su vida retrató multitud de ciervos, los cuales veía en la selva de Fontainebleau. Es en este lugar donde se inspira el paisaje boscoso que da fondo a la obra. El ciervo es representado en el centro de la composición en tamaño natural con gran naturalismo y precisión, llegando a fundirse sus cuernos con las ramas de los árboles. Destaca la capacidad de la artista para representar la mirada del animal, evocando la fugacidad de este encuentro.
Inicialmente, esta obra perteneció a Gambart, el marchante de Rosa, facilitando que el cuadro viajara por diferentes ciudades. Esto permitió consolidar su fama, dado que la pintura consiguió sorprender a la Reina Victoria.

A pesar de que se ha titulado a la obra bajo el epíteto de boceto, se trata en realidad de un conjunto de quince estudios, en los que se refleja a la perfección las posturas habituales de los leones. Permite conocer mejor el proceso de realización de las obras de mayor tamaño de Rosa, además de que deja entrever la calidad de la artista en sus trabajos más inmediatos, ya que en muchas circunstancias se contentaba con lograr captar a toda prisa los contornos de los felinos dibujando rápidamente con el pincel sobre la preparación. Tal y como resalta Javier Barón, la convivencia con los animales le permitió captar con toda propiedad su justa expresión, la distinta individualidad e incluso el carácter, a través del movimiento y de la mirada, de cada una de las fieras que pintó. De los restantes quince bocetos de los que se tienen conocimiento se conservan en museos, como el Museo d'Orsay de París, en el Museo Nacional de Château de Fontainebleau y en el Museo de Bellas Artes de Cambrai. En concreto, la figura del lado superior derecho se suele asociar a una de sus obras más conocidas, El Cid. La obra había sido adquirida por su marchante, Gambart, pero actualmente se conserva en el Museo del Prado.

Esta pintura de un león logra ejemplificar a la perfección la intención de la artista por transformar a los animales en auténticos retratos. Según Anna Klumpke, Bonheur comenzó a pintar felinos a raíz de la guerra franco-prusiana. En una primera toma de contacto usó como modelos a los del zoo de París y más tarde a la pareja de la subespecie del Atlas que tenía en su finca. Los leones del atlas son una raza de leones más pequeños que tuvieron gran popularidad en la Europa del siglo XIX. Actualmente, apenas se conservan en cautiverio, ya no viven en libertad. Sobre el fondo, de manera casi imperceptible, se pueden vislumbrar, de forma esbozada e insinuada, las montañas de la cordillera norafricana. La firma de Rosa Bonheur en esta obra es muy notoria, marcando la reivindicación de las mujeres en la historia del arte y en la propia sociedad. No quiere pasar desapercibida y firma en letras bastante grandes.
Actualmente la obra se encuentra en el Museo del Prado. Su llegada a España ha sido muy discutida y, aunque algunas fuentes oficiales como el propio museo afirman que fue donada por Rosa, otros críticos señalan que ha sido de la mano de Gambart. Actualmente sigue constituyendo un debate historiográfico. Estuvo mucho tiempo en los almacenes hasta que, por aclamación popular, la expusieron permanentemente.
Denominada Un joven príncipe (cabeza de León), es comúnmente conocida como El Cid, por clara referencia al Cantar del Mio Cid, el cantar de gesta. La obra suele ser comparada con El viejo monarca, ya que en la contemplación de sus diferencias y similitudes se puede apreciar la facilidad que tenía Rosa en captar las edades. Según Carlos Reyero, esta forma de presentar al león coincide en el tiempo con el texto de Charles Darwin La expresión de las emociones en el hombre y en los animales (1872), obra a la que Bonheur pareció mostrarse sensible.
La obra tomó relevancia para otros artistas que se inspiraron en ella, llegando incluso a copiarla, como en el caso de Gilbert, que realizó una estampa del mismo con pequeñas variaciones (Aguafuerte, Estampación sobre papel china sobre vitela), constituyendo un fiel testimonio del prestigio que la pintura original alcanzó en nuestro país. Además de Gilbert, otros artistas ya consagrados en el momento en que se pintó la obra la copiarán también, como Ramón Martí Alsina.

La obra fue realizada en el mismo año que El Cid. Se trata de un león de la misma especie, pero envejecido por lo que, al ver ambos cuadros juntos, se aprecia a la perfección la facilidad que tenía Rosa de captar las edades. Su rostro, mediante una mirada serena, transmite majestuosidad, dignidad y fuerza. Asimismo, se refleja cierto deje de declive dado por la vejez del animal, lo cual aporta una carga emocional a la obra. Con gran realismo y minuciosidad, Bonheur logra plasmar las diferentes texturas entre la melena y la propia piel del cuerpo del león. El propio título de la obra sugiere la idea de un rey o líder que se encuentra en decadencia. Históricamente, la imagen del león es un símbolo de poder, valentía y realeza. La obra refleja dichas cualidades, pero añade también cierta vulnerabilidad al reflejar la inevitabilidad del pasar del tiempo.

Uno de los grandes temas de las pinturas de Rosa fueron las cacerías. Sus temas lograron ajustarse con una mayor facilidad en la atmósfera del gusto victoriano británico (vinculado con el mundo rural y en particular por los caballos), por lo que su arte logró una mayor proliferación en Inglaterra antes que en su Francia natal. Este hecho se puede observar en la publicación que se realizó en 1905 acerca de una gran compilación de arte de mujeres titulado Mujeres pintoras del mundo, desde la época de Caterina Vigri, 1413-1463, hasta Rosa Bonheur y la actualidad.
Concretamente, en esta obra se puede contemplar a tres caballos para que los jinetes puedan realizar un relevo en la cacería, permitiendo el descanso a los que ya estaban agotados. Lo que más se destaca de la obra es la exactitud y precisión con la que Bonheur logra captar la anatomía de los caballos como el propio brillo de sus pelajes, en este caso de múltiples colores (marrón, blanco y gris).

La obra fue realizada durante la Exposición Universal de París de 1889. Se trata de una de las pocas ocasiones en las cuáles el tema central es un ser humano. La figura de Buffalo Bill ya era por aquél entonces de gran renombre. También conocido como Coronel William Frederik Cody, fue un explorador estadounidense, cazador de bisontes y empresario de espectáculos. Su fama tuvo lugar a causa de la necesidad que tenía la empresa que construía el ferrocarril Kansas Pacific en obtener carne de búfalo para la manutención de sus numerosos obreros. Cody logró dicho objetivo, en dieciocho meses mató cuatro mil doscientas ochenta reses, lo que le valió el apodo con el cual ha pasado a la posteridad: Buffalo Bill. A lo largo de la historia se han realizado diversas fuentes que relatan los hechos de dicho personaje, desde libros hasta teatralizaciones como con la película Wild West. Precisamente, el retrato ecuestre de Cody realizado por Rosa, fue utilizado en un cartel publicitario para este mismo programa.
Junto con Buffalo Bill, Rosa Bonheur tuvo contacto con otros personajes importantes de su época como la reina Victoria del Reino Unido o la emperatriz Eugenia de Francia.
ACTUALIDAD
Actualmente sus obras se encuentran repartidas por museos de todo el mundo: Museo D'Orsay, Museo del Prado, Museo de Chicago, Museo Nacional de las mujeres artistas en Washington (pionero en ser una colección exclusiva sobre mujeres artistas), Museo de Bilbao, entre otros. Además de ello, sus cuadros se siguen utilizando para crear nuevos contenidos. Han sido utilizados, por ejemplo, en la serie televisiva de Gambito de Dama, mediante la presencia de Gato salvaje y Pastor en los Pirineos. La serie está contextualizada en el propio siglo XIX, por lo que el hecho de que presenten sus cuadros enfatiza el reconocimiento social que la artista ya poseía por aquél entonces.
Ha muerto al expiar el siglo: los eclajes de crepúsculo vespertino trocánter para ella en aurora de inmortalidad (...) Natura fué su religión artística: la naturaleza sombreará su tumba con laureles en homenaje a su insigne retratista". - Concepción Jimeno de Flaqué.